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Se lo dijo directamente utilizando las palabras justas y sin maquillarlas. Y sin explicación. Porque esas cosas pasan y pasan. Y porque al tratar de explicarlas se lograría un puñado de palabras que sin duda dejarían paso la repregunta pero no a la respuesta.

Parados frente a frente. Él no procesaba todavía la información. Ella no le quitó la mirada, esperaba una reacción cualquiera, reproches, preguntas, insultos, lo que sea. Lo repitió otra vez. Estoy enamorada, te dejo y me voy a vivir con ella.

Él balbuceó una pregunta monosílaba :

– ¿ella?.

Y ella respondió:

– si, ella.

Él no sabía que sentir, qué decir. Con un hombre él se podría comparar, podría competir. ¿Y con una mujer? , ¿cómo se compite por el amor de una mujer contra otra mujer?

¿Dolor? ¿miedo? ¿verguenza? qué es lo que pasaba por el corazón y la cabeza de ese hombre allí parado, mirando asombrado a la que es todavía su esposa y con la que hizo el amor hace apenas una noche, con la que se había reído a carcajadas durante la cena viendo una comedia.

¿Qué estaba pasando?

De su boca no salía una palabra. La miraba buscando en sus ojos algún rastro o indicio para reconocer a aquella persona que en ese momento le era extraña y que estaba rompiendo con apenas 11 palabras 10 años de relación.

No había nada más que explicar. Al menos ella no tenía nada que decir. Retrocedió con cautela, sigilosa mirándo a su marido directamente a los ojos, esperando que en cualquier momento él dijera o hiciera algo… en la puerta, en el suelo ya estaba la mochila preparada con sus cosas indispensables, la cogió, se la pusó al hombro, abrió la puerta y salió sin dejar de mirarlo, como temiendo que en el último minuto él despertara abruptamente y le impidiera enfrentar su nuevo destino, su nueva situación.

Sus ojos se alejaron unos centimetros. Quería preguntar otra vez, quería escuchar de nuevo y tener la certeza de que ella dijo « ella ». Pero de su boca no salieron más palabras, no pudo tampoco producir algún sonido, no podía moverse.  La puerta se cerraba y los ojos de ella fijos en los de él se alejaban cada vez más hasta desaparecer tras la puerta ahora cerrada.

Allí, parado en su universo, sólo en el medio del salón, miró hacia la ventana. La lluvia había empezado. Quizo ir hacia ella, pero sus piernas lo obligaron a permanecer en el mismo lugar. Volteó y miró a su alrededor. Y por primera vez en aquellos minutos pudo emitir una pregunta:  ¿qué pasó?


Autora: Karina Miñano Peña

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