Dale a tu cuerpo alegría….hey…!!!

17 Jun

Mi accidente fue culpa de Keyko Fujimori y Ollanta Humala (a estas alturas ya el electo presidente de mi país) Ese día voté en blanco, tuve sentimiento de culpa y de irresponsabilidad y la vida además de un susto que todavía me dura, me ayudó a confirmar algunas cosas.

Confirmo que las amigas si están cuando las necesitas. Qué son capaces de sacrificar su domingo por estar a tu lado, incluso cuando no hay nada más aburrido que hacer sino esperar y esperar la paciencia de la sala de urgencias de un hospital.

Me he preguntado muchas veces si no hubiera sido mejor no haber llamado a nadie y dejar que la que me atropelló me llevara al hospital y como castigo hubiera sido ella la que habría esperado en la aburrida sala de espera del hospital. Pero no, en cambio castigué a mi amiga y a su marido. La llamé por instinto y por responsabilidad, para decirle que no podía ir con ellos a la barbacoa porque un auto me había golpeado mientras montaba mi bici de regreso a casa (que no era mi casa en ese momento).

Pero no es la primera vez que mi amiga me socorre. Una vez me dio cobijo. Abrió las puertas de su casa y de su corazón para que yo tratara de encontrar una solución a mis problemas personales. Durante un poco más de dos meses, durante los cuales no pude dormir muchas de las noches, me acostumbre a ver a sus perros bañarse en la tina, cepillarse los dientes y descubrir lo especial que pueden ser ante sonidos extraños.

Una vez me desmayé (no sé por qué, tal vez por el calor) y fue la perrita la que me despertó con unos lengüetazos que me llenaron la cara de saliva canina y me hicieron olvidar el por qué del desmayo produciéndome la urgencia de ir a lavarme la cara.

Mi amiga es chilena, tiene el corazón grande aunque ella es más pequeña que yo. A veces, cuando toma mucho vino se ríe de todo, y a veces tiene la cara muy seria. Toma la vida de forma muy práctica y cuando se enfada no cocina. No recuerdo si se lo he dicho o no pero la quiero mucho. No la veo muy seguido últimamente, pero no importa sé que está allí. Tampoco le he dicho que yo estoy aquí si me necesita, pero creo que lo sabe.

A veces yo soy una ingrata y no digo gracias en su momento. Pero es por puro olvido y no por ingratitud. Mi amiga tiene una sonrisa agradable, sinceramente me gusta mucho más verla reír que quejarse cuando algo no le gusta, pero eso lo tenemos todos. Cuando yo me quejo luzco horrible.

Cuando pienso en mi amiga, no puedo dejar de imaginarla con su copa de vino blanco al lado y si es chileno mejor. La verdad es que aprendí de ella ese gusto por el chardoney. Todavía recuerdo cuando nos “emborrachamos” tomando vino tinto, blanco y jugando al colonista de catán.

Mi amiga chilena tiene una fuerza de voluntad muy grande. Por eso está siempre delgada. Me gustaría tener esa misma voluntad pero es difícil, me gusta el chocolate.

Mi amiga se llama como la canción que nos hacía bailar la misma tonadita fin de semana tras fin de semana. Es imposible no pensar en la canción cuando se menciona su nombre. Y es más gracioso cuando ella misma lo dice: “si como la canción”.

A veces creo que la amistad va más allá de estar hablando todos los días y de estar saliendo todos los fines de semana. A veces las actividades personales te llevan por senderos diferentes. Además de alguna forma nos hemos acostumbrado a la casi rígida planificación de la agenda. Influencia del medio en el que vivimos y de las parejas que forman parte de este medio y no conocen otro.

No me importa mucho si no la veo siempre, pero si me importa mucho si no sé nada de ella por mucho tiempo. Sé que le gusta jugar mucho en el Facebook. Veo sus updates. De esa forma sé que está bien, aunque a veces, como todos, se enferma. Y cuando se enferma le da fuerte.

Mi amiga tiene además otras amigas, mayores que ella que vienen de Chile también y que son muy graciosas. Me gusta una en especial con la que tuve una discusión virtual en Facebook sobre los dogmas y terminamos, como lo dijo uno de sus contactos, una leyendo un libro y la otra comiéndose un pollo al horno.

Mi amiga es especial para mí, me hace sentir bien cuando la veo y me gusta escucharla cuando me cuenta sus cosas. Me aconseja aunque no se lo pida, y a veces sigo sus consejos y otras veces no. Mi amiga tiene una hermana. Yo no tengo una hermana pero la tengo a ella como amiga y además le gusta el pisco sour y que le encanta el ceviche. No sé cuál es el sentido o lo qué se siente cuando se tiene una hermana (¿será diferente al que se siente cuando se tiene un hermano?) pero lo que siento por mi amiga es inquebrantable.

Mi amiga se llama Macarena.

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