foto:Rebeca Bathory

“¿Cuándo eras joven, eras bonita mamá?”


Su pregunta retumba en mi cabeza. Lo hizo a propósito. Ya no grita ni tira la puerta cuando peleamos, ahora me hace preguntas que me dejan callada.
No se puede dormir bien cuando tu hija te pregunta si alguna vez fuiste bonita. Me dio en el orgullo y me hizo llorar. Me he visto al espejo tantas veces y creo que hoy por primera vez en mucho tiempo me estoy mirando. Y por primera vez comprendo que estoy amargada y desmoronada, que el paso del tiempo, la soledad y el descuido han hecho de mí una casa desolada, en ruinas y que nadie quiere recomponer, ni siquiera yo misma. He vivido descargando mi amargura en los hijos que nunca quise tener y en la vida que nunca hubiera deseado vivir. No hay tiempo para ser bonita. Y me doy cuenta hoy, que nadie me ha dicho alguna vez “eres bonita”. Lo que sí sé es que era fuerte y luchadora. Eso me ponía ella en sus tarjetas por el día de la madre cuando todavía iba a la escuela. Ya no es una niña, y yo llevo una vida delante de ella. No he sido el mejor ejemplo, pero es el único que conoce. íOh Dios cómo no me he mirado a tiempo! Hubiera visto la ruina y empezado a recoger los pedazos, a limpiar el polvo, a sacudir las telas y pegar con cola lo que está quebrado. Y seguramente nunca me hubiera hecho esa pregunta y yo seguiría siendo su héroe.

Escribí este microrrelato durante el máster en creación literaria in la VIU

Autora: Karina Miñano Peña

(©2019. Karina Miñano Peña)

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