foto: Karina

Perdida en mis pensamientos estaba, cuando un silbido me trajo de nuevo al bote. Era monótono. Por momentos buido y por otros, con más aire que melodía.
Y allí estaba él, practicament a mi lado, apoyándose a una pared, sentado sobre su bicicleta y con la llanta trasera aplastada al piso, mientras el bote nos cruzaba del centro al norte de Ámsterdam.

Tendría unos trece o catroce años. O tal vez quince o dieciséis. No importa. Lo que sí es importante es que a él, le encanta la música. Mirarle fue todo un placer. Hice un gran esfuerzo por reconocer la melodía, pero no pude. Y claro, eso tampoco es importante. Él disfrutaba de la música, a pesar que de su boca solo salían sonidos fallidos, que seguramente para él eran iguales al ritmo que escuchaba. Giraba su cabeza al estilo Stevie Wonder y mantenía sus ojos cerrados mientras la música sonaba dentro de sus auriculares, privandome de oírla. En su lugar, me conformé con mirarle. Tenía poco cabello, casi imperceptible, pequeño y apretado. Vestía unos pantalones deportivos grises, una chaqueta bastante gruesa que parecía abultar su cuerpo, zapatillas negras de una marca conocida, guantes apachurrados en los bolsillos de su chaqueta y apunto de caer, que seguramente usaría más tarde para no sentir el frío. Más silbidos escapaban de sus labios al inflar descaradamente esos cachetes, haciéndole parecer un pez globo a cada soplido. Chasqueaba los dedos de su regordeta mano izquierda al compás disparejo de esos chiflidos, y otra vez ladeaba la cabeza a un ritmo mejor del que salía de sus labios.
El bote está próximo a llegar al otro lado del canal. Nos alistamos para salir. Dos minutos -del centro al norte- pasan rápido cuando los disfrutas. Lo miré de nuevo pues pretendo recordar el alegre y a la vez apaciguado rostro de aquel muchacho que disfrutaba, a ojos cerrados, de la música en sus oídos. Su rostro y sus movimientos se quedaron conmigo a lo largo de un tramo largo. Tal vez, nunca más volveré a verlo, pensé. Y fue entonces que mientras pedaleaba a casa, decidí hacerlo memorable.


Autora: Karina Miñano Peña

(©2020. Karina Miñano Peña)


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