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El conejito de Transformatorweg

5 Abr

conejoDurante la semana pasada y en lo que va de esta la lluvia me ha obligado a ir en bus a mi trabajo. La misma línea de bus, la misma ruta y por lo tanto la misma parada. A pocos metros del edificio en donde trabajo yacía un conejito cruelmente asesinado. Tal vez fue un auto, o una moto, o un escúter (sí, la palabra existe)  o una bicicleta, o tal vez fueron los cuervos que estaban posados a su alrededor, o tal vez fueron las ratas esquivas, silenciosas, nocturnas que viven debajo del suelo que pisamos. Sinceramente no creo que los cuervos y mucho menos que las ratas se hayan organizado para asesinar a ese pequeño conejito para su propio deleite. No lo sé, lo que sí sé es que su cuerpo estaba allí tirado en la vereda. Su pelaje lanudo, pardo plomizo, mojado por la lluvia lucía todavía fresco, tenía los ojos abiertos mirando a la nada. La gente que caminaba rápidamente bajo esa lluvia holandesa pasaba por su lado sin detenerse a recoger su cuerpo o para ponerlo al lado del césped. Nadie, ni siquiera yo que también camino rápido cuando llueve.

He viajado en bus tres veces la semana pasada y las tres veces he visto el cuerpo inerte del conejito en la vereda. La segunda vez ya no era un conejito, era una cosa peluda y opaca tirada sobre el pavimento, abierta por el vientre en el que se le podía ver sangre seca y oscura. Y los cuervos siempre alrededor, cautelosos al ver pasar a la gente que camina rápido bajo la lluvia.

La tercera vez pasé muy rápido. Sabía que me iba aproximando a él tirado en ese suelo tan limpio, tan claro, cómo no notarlo. Y hoy, la cuarta vez que lo veo, me molesta. Me molesta mi actitud. Me detuve a contemplar ese cuerpo que ya no es un cuerpo. Ahora es solo un cascaron que me dice que alguna vez fue un conejo. Los cuervos ya no están a su lado. Ya se saciaron en esa fiesta que debió ser para ellos abrir a picotazos a un conejo muerto. Las orejas y las patas fueron lo único que dejaron. Los ojos ya no están, los órganos ya no están, y ya no está el conejo.

Y recordé. Recordé la alegría que esos conejitos que viven cerca de mi oficina me dan cuando los veo. Recordé que en más de una ocasión detuve mi bici para verlos correr hacia el césped y esconderse entre los arbustos. A veces veía uno, a veces veía más. Cuántas veces mi corazón se detuvo al verlos cruzar esa vía monstruosa, asesina y peligrosa que es Transformatorweg. Es verdad, ellos no cruzan cuando hay tráfico, solo lo hacen cuando éste desacelera al final de la tarde o cuando la pista parece desierta y vacía. Y es que la mayoría de esos conejitos que viven en Transformatorweg tienen hábitos nocturnos y salen a pasear cuando aparentemente nadie los ve. Sin embargo, hay conejitos aventureros, que desafían al día con sus humanos y sus costumbres. Cuántas veces me he parado en frente de la pista solo para protegerlos de algún conductor despistado.

Recordé que he visto las colitas y las orejas sobresalir de los arbustos. Esos conejitos viven en la ciudad pero no son domésticos. Viven en la calle pero no son salvajes, esos conejitos que son conejos de ciudad conviven con nosotros y nosotros más de una vez nos hemos enternecido con ellos, los hemos protegido y los hemos alimentado.

¿Quién fue ese conejito que yacía muerto en una de las calles de Transformatorweg?, ¿quién fue ese conejo que no tiene cuerpo ya porque ha sido devorado por los carroñeros de turno? Es la naturaleza, dirían algunos y me recordarían que no tengo derecho a intervenir. ¿Fue tal vez el conejito que alguna vez protegí o fue tal vez el conejito que se comió la zanahoria que alguna vez deje en la entrada de alguna madriguera?

Ahora ya no está, ya no existe. Nadie ha movido su cuerpo vacío. Nadie ha movido ese cuero cubierto de pelaje. Nadie, hasta ahora. Me detengo a su lado. Tengo la intención de moverlo hacia un lado de la vereda y colocarlo al lado del césped para que el proceso biológico haga su tarea o hasta que algún trabajador de limpieza lo recoja. Pensé en moverlo con mi pie. Pensé en moverlo con la mano. El conejito ya no está y el cascarón es lo único que queda. Busco algo con que moverlo pero no veo nada apropiado. Alguien viene con un paraguas. Lo conozco. Lo detengo y le digo que quiero mover ese otrora cuerpo. Y me dice usa una de esa piedras señalando a una esquina. Y eso hago. Cuando movía ese cuerpo recordé la primera vez que lo vi la semana pasada. Todavía estaba allí. Todavía tenía ojos. Qué peligrosa es la ciudad para un conejito. Qué desinteresados somos ante los seres que conviven con nosotros. Qué poca pena sentimos hacía esos seres considerados inferiores. Y es que en estos tiempos cuando buscamos la forma de alargar la juventud y hacernos más longevos la muerte se presenta otra vez como un intruso que es mejor obviar.

Es verdad que los conejos han sobrevivido a las extinciones, que aunque cientos de ellos fueran asesinados cada año, no sería suficiente para que se extinguieran. Que gracias a su rápida reproducción los conejos viven y sobreviven a los tiempos. Que luchan por ser libres y vivir sin ser domesticados. Ellos existen para mantener un equilibrio incluso en esta ciudad congestionada de edificios que cada vez construye más. Una ciudad que destruye y aniquila las madrigueras, hogares de conejos ubicados debajo de arbustos y árboles que luego serán removidos para construir más y más edificios. Los conejos están en todos lados en Amsterdam, son parte de esa naturaleza gris en la que vivo. A veces los recuerdo y me acongoja saber que puedan ser asesinados por esos venenos que la gente pone contra las ratas, o por esas grúas enormes que usan las constructoras, o por algún coche, escúter o bicicleta porque al vivir en la ciudad los zorros, la comadreja, el águila, el mapache o el coyote ya no son sus depredadores naturales. Ahora su mayor peligro son los humanos con quienes conviven en la misma ciudad.

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Hace frío en Amsterdam Noord

12 Dic

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No sé que hora es. Deben ser las 10:30 pm; hace frío. Lo veo en las manos temblorosas y rojas de la gente que sostiene su teléfono celular, en el vaho que sale de las bocas y de las narices de los que esperan. Hace frío y lo siente el hombre frente a mi que ha jalado las mangas de su chaqueta de cuero artificial hasta cubrir sus manos. Estamos allí, con frío y esperando el bote que nos llevará al otro lado de la ciudad. El letrero electrónico dice que tardará 10 minutos. Mi bicicleta y yo estamos esperando. He notado que no puedo pedalear muy rápido y es que hace frío.

El bote que cruza a la gente de Amsterdam centro a Amsterdam norte parte cada 5 minutos, pero a partir de las 8 o 9 de la noche parte cada 10 minutos y nos deja aquí esperando en el frío.

La gente va llegando de a pocos, se aglomera a los costados del ingreso al bote. La gente espera a los costados de la gran marca roja sobre el piso, que además tiene una flecha que indica la dirección de salida para aquellos que vienen en bote.

Hace frío, pero el hombre que toca el saxofón tiene que trabajar. Parece estar muy abrigado, pero tal vez tiene frío también; el frío es malo para los instrumentos musicales. Toca el saxofón con suavidad, algunos se paran cerca a él a escuchar esos sonidos dulces y suaves. Otros, la mayoría, miramos hacia el bote que está al otro lado, esperamos y escuchamos al saxofón tocar.

Una mujer con un pequeño maletín morado y con ruedas camina de un lado hacia el otro, tiene frío también. Ella es negra, su ropa es negra, lleva un poncho negro con detalles blancos, una boina negra que se mezcla con su cabello negro y un bolso fucsia brillante, muy brillante, es un fucsia de verano. Ella le da un toque de calor a esta noche fría.

A mi derecha, hay una chica en bicicleta, que acaba de llegar y espera también a bote. Esa chica se resiste al frío y lo desafía vistiendo una falda tan delgada y un abrigo de verano; y viste de verde, morado y naranja y su bicicleta lleva flores artificiales. Ella no quiere darle paso al invierno, se resiste, pero sus manos rojas por el frío, su rostro pálido y sus hombros levantados me dicen que ella también tiene frío.

El bote va llegando y nos preparamos, los scooters encienden motores y más gente llega de todos lados. Finalmente, el bote ha llegado al pequeño puerto y con una señal nos indica, a los que  esperamos, que la gente que está en ese bote va a salir, que nos preparemos, que esa gente sale como animales en estampida y es nuestro propio riesgo si nos cruzamos en el camino. Por eso debemos esperar a los lados, en la zona verde y segura.

Se escuchan los scooters amenazando con el sonido del arranque, esas amenazas viene tanto desde el bote como desde los que esperan. Las bicicletas salen primero, rápido sin detenerse a mirar a los lados. La gente de a pie, sale despacio con las manos en los bolsillos, porque hace frío. Los impacientes se apuran a ingresar al bote y coger un asiento en la parte cerrada y más caliente. Los demás avanzamos hacia el frente, todos queremos ser los primeros en salir, es una competencia. He llegado sin proponermelo a la primera fila. Seré una de las que sale primero de este bote. Miro al frente y ya hay gente al otro lado del agua esperando. El bote partirá en 5 minutos y en dos estaremos al otro lado de Amsterdam. En Amsterdam Noord (norte).

 

The disrespectful freedom of speech

9 Ene

Regarding Chalie Hedbo

canstockphoto22658412It is still hard to believe that fanaticism makes people so blind. I have a kind of double feeling regarding what has just happened in France. I strongly condemn the murder of the people and journalists of Charlie Hedbo. I don’t accept any kind of violence, justified or not. I also understand that newspapers and journalists around the world are angry, powerless, worried, sad and frustrated over the death of their colleagues. I am a journalist myself. I don’t work as a journalist now, but I share all those feelings because beyond being a journalist, I am a human being.

All the media around the world, in a kind of unspoken agreement, have placed the murder on their front pages, are publishing disapproving quotes from opinion leaders, and are uploading unedited witness videos in which we can see the cold-blooded assassination of a police officer. They are searching for the reasons, the suspects, the murders, and publishing the stories. In other words, the media has given us a couple of days where it has reproduced the abominable massacre and fomented citizens to protests. Alright. I protest as well…but…the problem is beyond a cartoon and its humour. In my humble opinion, the real problem has been overlooked again. And it is that we experience an increase in lack of respect and lack of leadership in all sectors, areas and corners of the world, and this also affects the media.

I wonder to what extent we are free to say and act without being considerate of others’ thoughts, beliefs and feelings only because we say and act so far as our freedom of speech brings us. Where is the limit? Is there any? I don’t justify the murder of those journalists, but I also didn’t approve of the provocation of a community that is a strong believer of Allah and the Quran. I wonder why they published provocative cartoons even when being aware that fundamentalism and fanaticism are very strong in some Muslim communities. Did Charlie Hedbo take the risk to gain some popularity or maybe it was because they wanted to say something to the world? Was the message: we are here, living in a democracy and enjoying freedom of speech, and you don’t? Was that a real reaction to the extreme fanaticism of some Muslim groups, meant to arouse anger in groups that were already upset with Europe and the United States? Why?

I don’t share Muslims’ strict lifestyle, don’t believe in what they do and the Quran is for me just an interesting book. By respecting —not accepting—them and their belief I am just trying to live in peace. I strongly expect the same of them and other societies.

Our democratic minds don’t accept oppression, submission, disrespect, fanaticism and injustice, but they exist. The question is what we are doing to live together in peace.

For years political (so-called) leaders have tried to talk about human rights and democracy with the political-religious leaders from the Middle East and other strong religious countries without great success. We, democrats, have interfered (many times) in their political affairs in what we think is not correct. I mean, we have put our noses in and given opinions about what has happened in other people’s houses. And yes, you are right, if we don’t intervene the atrocities would be even worse because what they do to kids and women is horrible. But then why don’t we stop selling weapons to the black market, weapons that give power to the abusive governments? Why don’t our political leaders agree on better cooperation for education and health, so it has to come from NGOs instead? Why don’t we pay fair prices for the raw materials that come from poor countries, so people can have a better life? Why do our democratic interests foment division and internal wars in some countries? Why do countries only intervene in other countries’ issues where oil is in risk, whilst they forget the rights of girls, for example in Sudan?

We are in a vicious cycle that is not going to stop. I can be seen as a pessimist now but I am tired of being optimistic when it comes to politics and religion.

What happened in France will repeat in some years if we, democrats, don’t really help by stopping the under-the-table negotiations of oil and weapons in the black markets. If this doesn’t happen I am afraid we will find ourselves discussing the same thing again and once again condemning the same people.

Qué es lo que le falta al Perú para ser una sociedad desarrollada.

15 Abr

Me lo he preguntado cientos de veces.

No se trata solamente de llenar las tiendas con los últimos avances tecnológicos o de llenar los centros comerciales con las tiendas más exclusivas y caras del mundo, que claro ahora también están en el Perú, mejor dicho en Lima y en algunas ciudades con suficiente poder adquisitivo.

Hace años que me he puesto un cartel en el pecho en el que vocifero que a nuestro país le hace falta educación. Todos los días leo las opiniones que peruanos y peruanas dejan escritas en la plataforma web del diario El Comercio ya sea a favor o en contra de alguna noticia. No solo me fijo en la calidad de la escritura, gramática y ortografía que a decir verdad es desastrosa, humillante y desgarradora para el que intenta usar nuestro idioma bien y en público. No me las doy de sabelotodo, no soy infalible, pero al menos tengo cuidado en el uso del idioma y sé que muchos lo hacen también.

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El laberinto del a educación en el Perú

Me fijo sobre todo en la esencia de la opinión. Muchas personas por no decir el 99% parecen vivir en otro siglo, en un tiempo donde todo se ha congelado, nada ha avanzado y nada ha mejorado. No sé de dónde son, pero sé que nivel de educación tienen con solo leer sus opiniones.

Todas las opiniones se respetan y puedo estar o no de acuerdo con algunas. Pero en definitiva no estoy de acuerdo con dos cosas: la falta de respeto al idioma y con la baja calidad de educación que han recibido tanto de sus padres, de las escuelas y universidades y del entorno que les hace decir/escribir opiniones sin sentido. Por lo que algo tenemos que hacer, pero ya.

¿A dónde vamos como sociedad?

Queremos avanzar como otras sociedades lo hacen con el único objetivo de vivir bien, tolerar y respetar a los demás. Es un derecho natural y adquirido pero también es un derecho que ha sido luchado durante nuestra historia. ¿Qué te diferencia a ti de mí? ¿Qué me diferencia a mí de los otros?

Muchos peruanos no son tolerantes. No toleran la opinión de otros ni la respetan y es más, la ven como un insulto. Esto es en parte responsabilidad de gran parte de la prensa peruana que hace un periodismo de tan mala calidad que solo se enfoca en la “opinión” de uno para restregarla en la cara del otro. ¿Qué les han enseñado a esos periodistas en la universidad? Pero veamos también a las empresas para las que trabajan, editoriales y medios que no son capaces de ayudar en la formación de sus profesionales para elevar el nivel periodístico de nuestro país.

Pero el asunto es más profundo. Por qué el aceptar que a algunos les gusten las personas de su mismo sexo es tan difícil o es casi imposible para algunos peruanos. Por qué? Porque así se lo han enseñado, su familia, su escuela, su comunidad. La familia es un elemento muy importante, sin embargo es la escuela la que debe asumir el desarrollo analítico del educando. Ese desarrollo analítico permitirá al educando separar los conceptos que propaga la iglesia de aquellos que nos debe definir como sociedad civil.

Desarrollar el análisis desde temprana edad nos debe dar a los peruanos la capacidad de pensar que los dogmas religiosos son parte de la comunidad y deben ser aceptados y respetados sin importar de donde vengan y como tal esos dogmas deben respetar la ciencia, la tecnología y la sociedad y sus cambios. Ese desarrollo analítico debe apoyar sobre todo el crecimiento de una sociedad como la nuestra que es y ha sido dañada por discriminación, diferencia, violencia, falta de respeto y miedo a los otros.

Algunas religiones parecen olvidar que se deben centrar en el amor. Ese amor que no es otro que aceptación y respeto. Y no en el odio camuflado del uno al otro.

Quién le ha dado el poder a la iglesia católica o cualquier otra iglesia de decir que el amor entre dos hombres o dos mujeres es anti-natural.

Estoy convencida que el Perú se jodió y profundamente cuando no se separó en su momento a la iglesia del poder del Estado. Si te preguntas por qué la iglesia católica tiene que interferir en temas civiles y políticos te diré que interfiere porque así se lo han permitido los gobiernos. Este y los anteriores.

Por supuesto que vivimos en un país donde la libertad de opinión dice respetarse. Y por supuesto que el papel de la iglesia es importante para ayudar al desarrollo espiritual de las personas. Pero hasta allí nomás.

Si queremos un país que realmente mire de frente a un futuro evolucionado como sociedad tenemos que hacer 4 cosas:

  1. Separar a la Iglesia católica del poder político que todavía tiene. (Significa también que no se le debe pagar un sueldo al cardenal y que el curso de religión debe ser eliminado de las escuelas)
  2. Contratar a capos en materia de educación (de países como Finlandia) que les enseñen a nuestras autoridades en Perú a ponerse bien los pantalones para rediseñar los objetivos educativos y las herramientas a utilizar.
  3. Reorganizar rápidamente la educación superior desde los puestos administrativos para evitar abuso de poder y puestos vitalicios, hasta la contratación de mejores organizadores y diseñadores de la educación.
  4. Finalmente, eliminar al SUTEP* y hacerlo por ley. Esta organización solamente le ha hecho daño a nuestra educación. El SUTEP basado en su derecho como sindicato ha bloqueado toda posibilidad de desarrollo al proteger ideas anticuadas y reclamar “mejores condiciones económicas” sin preocuparse por el desarrollo, actualización y avance de sus miembros.

Se debe invertir en educación. Invertir de verdad. En el Perú hay dinero, pero no se invierte bien o no se invierte en educación. Por el contrario se ha hecho alguna vez el ridículo llevando computadores a una escuelita alejada y pérdida en las montañas donde el profesor no tiene ni idea de lo que significa la palabra software.

Para avanzar, tener mejores administradores de nuestros recursos, calidad en educación y acceso a más oportunidades, debemos comenzar por destruir todo lo que hemos aprendido y empezar de nuevo. Pero de verdad. Si no, seguiremos en las mismas y en 20 años otra vez leeré una opinión diciendo que “el amor entre dos personas del mismo sexo es una aberración, antinatural y se debe tratar a tiempo antes que se contagie”. Es que no hay respuesta de mi parte para esto.
*SUTEP es el Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación en el Perú.

El tiempo

24 Ene

El tiempo duele. El tiempo alivia. El tiempo olvida. El tiempo pasa.

Cuándo fue la última vez que le di tiempo al tiempo para hacer su trabajo.

Cuándo fue la última vez que me senté a leer un libro con tranquilidad y con una copa de vino tinto cerca de mí y con la única compañía…del tiempo.

Cuándo fue la última vez que me detuve en medio del camino para observar al tiempo pasar.

Cuándo fue la última vez que me detuve a sentir el paso del tiempo en forma de caricia de viento.

Cuándo fue la última vez que me desperté sin pensar en lo que tengo que hacer.

Cuándo fue la última vez que me fui a la cama sin pensar en lo que se debe terminar para mañana.

Cuándo fue la última vez que olvidé que tengo que pararme un momento en medio de todo y de todos para mirarme a mí misma a través del tiempo.

El tiempo duele. El tiempo alivia. El tiempo olvida. El tiempo pasa.

Oh Luna,

27 Mar

008Qué hermosa estás. Te veía llegar desde hace un par de días. Estabas haciendo espacio, apareciendo de a poquitos para finalmente mostrarte completa, llena, blanca y amarilla.
Qué hermosa eres! Inmaculada, eterna, radiante y pura.

Tu llegada ha callado al viento que en los últimos días erizaba mi piel de frío intenso. Con tu llegada mi noche, ésta noche se ha iluminado. Me has mostrado el camino de regreso a casa, como antes lo hacías. Recuerdas? Cuántas veces me mantuviste despierta sentada al lado de la puerta de los cuartos contemplándote mientras mi tío Chino y mi abuelo dormían al costado.

Recuerdas que en mi época escolar decidí caminar del colegio a la casa y eras tú la que mostraba el camino. También fuiste mi compañera en la época universitaria. Tú y yo caminábamos juntas. Tú iluminando mi camino y yo siguiéndote de cerquita.

Qué bella estás. Hace poco te vi en Egipto. Estabas resplandeciente, brillando y te vi tan cerca. Me mostraste tus cráteres secretos. Casi te podía tocar.
Luna, luna, lunera. Qué vida representé en otro tiempo? Por qué me gustas tanto? Por qué me emociona verte? Por qué lágrimas salen de mis ojos cuando te contemplo? Qué éramos en otro tiempo que ahora ya no somos pero que todavía nos une.

Luna, lunita…quédate conmigo. No te vayas. Me gustas tanto como Mafalda. Pero mientras ella acaricia mis pensamientos, mis ideas y mi cerebro; tú acaricias mi corazón, mi piel y mis sentidos. Te puedo mirar eternamente y pensar en nada.

Viniste a visitarme y te puedo ver desde mi ventana. Esta noche dormiré mirándote pues me muestras tu esplendor mientras yo estoy acostada en mi cama. Iluminarás mi sueño. Dime lunita, soñaré contigo?
No te vayas, quédate a mi lado. Las noches sin ti son nada. Déjame mirarte y mírame tú también.

Oh…la edad…

18 Ene

vacheron-constantin

Qué extraño es esto del amor, del dinero y de la edad. Siempre lo he creído y lo he vivido. No hay nada que cambie tanto a una persona como estas tres cosas.

El amor te atrapa sin previo aviso y luego te suaviza un poco, te hace vivir en una burbuja de felicidad que no da tregua a la amargura ni a la tristeza. Al menos por cuanto dure.

El dinero te vuelve arrogante en diferentes medidas. A algunos les choca más y a otros menos. Pero te cambia dándote una felicidad momentánea o permanente. Es válido.

Y finalmente la edad. Si, la edad también nos cambia. Nos hace más sabios. Algunos maduran más que otros y algunos asumimos  el proceso de crecimiento con cuidado y poco a poco vamos aceptando que tal vez ya no memorizamos las cosas tan fáciles como antes o que antes hacíamos miles de cosas sin cansarnos y sin pensarlo dos veces. El impulso y la espontaneidad han dado paso al análisis y a la toma de decisiones que no solo nos considera a nosotros mismos sino también a los que forman parte de nuestras vidas. A cierta edad nos vemos rodeados o de hijos o de parejas y entonces cualquier decisión debe incluirlos también. Es parte de la madurez y del cambio que éste implica.

Sin embargo, y a pesar del amor, del dinero y de la edad hay cosas que se mantienen todavía, se transforman pero en esencia siguen siendo las mismas. La sonrisa por ejemplo. Hemos escuchado tantas veces decir que mantenemos la misma sonrisa, el mismo espíritu emprendedor, que seguimos siendo tercos, somos perseverantes  o que debemos cambiar si vamos madurando porque ese comportamiento ya no es de nuestra edad. Hemos escuchado tanto sobre lo que no hemos cambiado o que debemos cambiar.

Estoy reflexionando un poco ahora que este año cumplo 40. He cambiado mucho y no he cambiado nada. Y soy feliz con mis cambios y mis cosas de siempre. Me he enamorado miles de veces porque creo que es el estado más bonito: el de enamorarse y re-enamorarse y si es de la misma persona pues mucho mejor. Y si, amo también, pero eso es más profundo y complicado, y ha confirmado lo que he pensado por casi toda mi vida. Me he suavizado, lo que antes no me gustaba en absoluto (algunas cosas claro, y no todas) empiezo a tolerarlas y a verles el lado bueno. Ahora, por ejemplo, me empiezan a gustar las flores y empiezo a gustar de la compañía de algunos niños. (Esto todavía es materia de un análisis más profundo) Y se lo debo claro al amor y a la edad en este caso.

Mi amiga Tony me dio la bienvenida al club de los 40, cuando todavía falta un poco para mi cumpleaños y debo confesar que corriendo fui al espejo para comprobar que sigo mirando a la chiquilla de siempre con las mismas ilusiones y con la misma sonrisa, la misma sensibilidad y llorona ante las injusticias. Con algunos signos de la madurez claro pero con la mirada esperanzadora de siempre. El reflejo me hizo pensar en todo y como si fuera una película que ves antes de morir vi mi vida en fragmentos y recordé mi fiesta de 15 años, el baile con mi abuelo y mi adorado tío, ambos ahora en la quinta dimensión.  El espejo me dio tres imagenes en close-up: mi rostro, mis actitudes y mis sueños. Sigo siendo la misma y soy diferente también. Y me gusto mucho, aunque a veces tenga que renegar con el cabello que tiene vida propia y no se queda de la forma que lo peino, o con esos estúpidos granitos que no sé por qué a mi edad todavía brotan a veces en mi rostro.

Me sigo gustando a mis prontos 40 años y puedo decir que soy una persona feliz y que mi felicidad no depende de nadie, afortunadamente.