Volver al mismo lugar

Aprieta la mano de su hijo, tanto que el niño llora y se deja arrastrar mientras ella corre y desgarrada grita un nombre. En la otra mano lleva el teléfono móvil. Nunca se desprende de él. Los pulmones parecen salir de su cuerpo al aullar de nuevo. Pero las olas que revientan en la orilla, el murmullo de la alegría y el sol que quema braman más fuerte que ella.

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Vagón

Escogí un asiento a la ventana y me acomodé lo mejor que pude en el desierto vagón. Quise leer y no pude concentrarme. El suave movimiento del tren me arrullaba, mientras yo luchaba para no caer dormida. En eso, un sollozo desesperado me alertó, venía de otro vagón. Me coloqué los auriculares y subí el volumen, pero el llanto, aunque distante, traspasó la música. Luego, caí en la cuenta de que el tren no se había detenido a recoger a más pasajeros.

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