Apéndice

(publicado primero en el blog Liberemos las palabras)

Exhausto, se desplomó sobre su cuerpo sudoroso y hundió la cara entre los cabellos arremolinados de Marina. Jadeaba. Por unos segundos, Víctor se perdió en el aroma de jazmín y madera que, al mezclarse con el olor natural de ella, lo seducía y provocaba a la vez. Marina lo rodeó con sus piernas y sus brazos y lo mantuvo dentro de ella hasta que la blandura se apoderó de él. Cerró los ojos y sonrió, estaba contenta, Víctor sabía muy bien como complacerla.

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Ella sufre porque así lo ha decidido.

ella sufre

Entre lágrimas me dijo que se sentía mal. Qué sufría. Qué sin él se sentía vacía, sola.
Mi amiga sufre porque quiere sufrir. Sufre porque entregó todo de si, sufre porque no se ha protegido y porque no se ha enamorado de forma inteligente. Si, es verdad y lo postulo si fuera necesario. Nos podemos enamorar con la cabeza. No concibo la idea, no tolero siquiera pensar en la famosa frase «uno se ciega cuando se está enamorado».

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